Si pretendemos aspirar a nuestro máximo bienestar personal, no está de más recordar qué significa ser persona.
Un Ser Humano no puede ser lo que a cada quien le parezca. Es posible que cada cual entienda al Ser Humano a través del prisma de sus propias vivencias. Pues bien, una cosa es lo que somos, y otra la utilidad que hacemos de nosotros mismos.
Por determinadas circunstancias, los seres humanos no se sitúan a veces en lo verdadero, y en lugar de ver la vida tal y como es, la perciben de forma subjetiva, filtrándola a través de sus experiencias personales. Debido a la subjetividad de dichas experiencias, no es nada fuera de lo común que las maneras de percibir el mundo de unos choquen con las de otros. De esta multiplicidad de visiones surge la dificultad para comprender la realidad ajena, lo que propicia la falta de entendimiento. La distinta interpretación que hacemos de las cosas tiene que darnos un motivo para reflexionar sobre el propio punto de vista y el de los demás. Puede ser que diferentes personas viendo a la vez un mismo objeto, o viviendo una situación idéntica, no perciban lo mismo, e incluso es también posible que nosotros mismos no veamos el mismo acontecimiento de igual manera siempre.
En ocasiones, nos cerramos ante lo que otros dicen negando así las aportaciones del exterior que no concuerdan con las nuestras. De este modo perdemos valiosísimas oportunidades de seguir aprendiendo, creciendo y respetando a los demás. Asentarnos en la propia realidad puede dificultarnos comprender la ajena, propiciar falta de entendimiento y limitar nuestra experiencia vital. Esto ocurre porque necesitamos tener la seguridad de que lo que pensamos es verdad, de que estamos en lo cierto. Las realidades personales son múltiples. Cada persona según su criterio se cree poseedora de la verdad. Cerrarse a otras visiones del mundo puede suponer un impedimento al aprendizaje y al crecimiento (entendiendo por aprendizaje la introducción progresiva de conceptos de verdad y por crecimiento la puesta en práctica de tales aprendizajes).
El crecimiento personal consiste en desarrollar elementos de verdad (necesarios) en todos los niveles de la personalidad:
- Físico: descansar, alimentarse adecuadamente, respirar, etc.
- Afectivo: recibir, intercambiar afectos, caricias, etc.
- Intelectual: instruirse, estructurarse, recibir orientación, etc.
- Espiritual: conectar con la dignidad personal, etc.
Estas consideraciones nos llevan a adentrarnos en lo que entendemos por percepción.


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